‘La Casa de Papel’ temporada 4: El atraco de nunca acabar

Nunca he sido partidaria de estirar una fórmula hasta el cansancio. El regreso de ‘La Casa de Papel‘ es mucho de eso, pero más me puede el “morbo” por saber si Álex Pina, su creador, luego de dos temporadas llenas de sorpresas consigue superarse, así que no podía no ver todos los nuevos episodios para comprobarlo. Lo cierto es que sí, las ideas se están acabando y es notorio, pero ciertas virtudes se mantienen.

Las dos primeras partes fueron una locura; basta con recordar el éxito masivo que tuvo con su llegada a Netflix. La tercera intentó variar la situación al dejarnos con el grupo de atracadores y un plan que no estaba controlado a la perfección. Para la cuarta, lo que parecía lógico era arriesgar todo y botar la casa por la ventana, pero no ha sido así. Continúan sus virtudes, que ya son escasas, y sus defectos (como esa voz en off innecesaria). La estructura es idéntica.

En esta ocasión regresamos a un panorama ya conocido: Tokio (Úrsula Corberó), Denver (Jaime Lorente) y compañía se encuentran en el interior del Banco de España, con decenas de rehenes mientras varios obreros funden las reservas de oro. Eso es lo que hay que saber como conocimiento básico, aparte de ciertas cosas como que en la temporada pasada volaron un tanque y Nairobi (Alba Flores) se debate entre la vida y la muerte. De allí, los flashbacks se roban gran parte del protagonismo ya que son la forma preferida del guión para contarnos más sobre la vida de El Profesor (Álvaro Morte) fuera del atraco, además de ser realmente una excusa para que Berlín (Pedro Alonso) vuelva a aparecer.

No cabe duda que la principal razón por la que ‘La Casa de Papel’ se sostiene es gracias a sus personajes. Son carismáticos y se construyeron muy bien durante las dos primeras temporadas, permitiendo que las siguientes se dediquen a presentar las historias de los más nuevos como Palermo (Rodrigo de la Serna), Bogotá (Hovik Keuchkerian) y Marsella (Luka Peros). Se siguen contando sus aventuras en diversas etapas de sus vidas, desde el momento en el que desarrollan el atraco hasta cualquier situación cotidiana que pueda probar su amistad y las razones por las que se tienen confianza.

Hay momentos clave que no pueden faltar, como la muerte de uno de los personajes favoritos de los fans y la introducción de un villano que pone de cabeza el plan de los atracadores gracias a su experticia como jefe de seguridad en el Banco de España, pero en líneas generales la trama es demasiado repetitiva. Es decir, si Arturo Román (Enrique Arce) los había fastidiado durante no una ni dos, sino tres temporadas, tengan la certeza que está de vuelta para hacer lo mismo, porque así de predecible se ha vuelto. Por allí se incluyen un par de detalles nuevos, pero a la larga la trama sigue en lo mismo. Los giros de guión, que son demasiado sencillos, se resuelven de la misma forma y los momentos cruciales también están calcados de otros episodios, que de no ser por las buenas actuaciones y los personajes en sí, hubiese sido un bodrio total.

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Las mejores nuevas aportaciones continúan estando respaldadas por el apartado de los protagonistas, del que no me canso de recalcar que definitivamente es lo mejor de una producción a la cual se le están acabando las ideas. Hay que señalar también que no es una mala temporada, pero podría ser infinitamente mejor. Mantiene la esencia, pero el territorio se está haciendo demasiado familiar para el espectador, que en algún punto dejará de sorprenderse en absoluto. Es más tediosa de asimilar y al no saber qué más mostrar, lo siento, pero hace que este sea el atraco más largo de todos al punto de no concluir para el final de sus ocho episodios. Si no te importa esto, la cuarta parte de ‘La Casa de Papel’ te encantará.


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