‘El Hoyo’: la locura, el hambre y la lucha por la supervivencia se juntan en el thriller de Netflix

No se me ocurre un mejor momento para que una película como ‘The Platform‘ llegue a Netflix.

En este tiempo, donde la gente corre a los supermercados para abastecerse de productos como si estuviera en una guerra, generando psicosis en los alrededores ya que muchos solo piensan en ellos y no en el otro, no es parte de una ficción. Es quizás lo más cercano a una película distópica pero es la realidad, y este thriller español saca provecho involuntario a la situación para hacernos sentir más culpables y a la vez más conscientes de lo que está sucediendo.

Eso ya es algo peligroso, pero la receta se complementa con personajes necesitados de solidaridad, el recordatorio de lo importante que es que nos ayudemos y las consecuencias a las acciones. Todo esto adquiere un nuevo significado en esta fábula que representa muy bien las diferencias sociales y la lucha por no morir de hambre, con todas los dificultades que se presentan en el camino.

Con el nombre original de ‘El Hoyo‘, la ópera prima de Galder Gaztelu-Urrutia propone un relato en el que el protagonista es un edificio de una infinidad de niveles, en cuyo interior se alberga una plataforma. Cada piso está habitado por dos personas, algunas que ingresan de forma voluntaria y otras que se encuentran allí para pagar deudas no necesariamente monetarias, como si se tratara de un intercambio. La estructura que se ubica en el medio es la plataforma mencionada, que va desde arriba, en el piso cero, cargada de un banquete. Esta es enviada hacia abajo, hasta el último piso, y en cada parada las personas de turno tienen permitido comer. Si todo estuviera dividido en raciones correctas para cada uno, la comida alcanzaría para todos, pero si las personas se exceden es lógico que para las de abajo no quede algo.

Además, cada mes las parejas son cambiadas, así como el nivel en el que se encuentran. Un día puedes estar muy arriba y encontrar bastante comida, pero al siguiente estar mucho más abajo y no ver ni las sobras. Así, conocemos a Goreng (Iván Massagué), un hombre que accedió a encerrarse en el edificio por seis meses a cambio de un título profesional. El desconoce el mecanismo de esta innovadora prisión, y es su compañero Trimagasi (Zorion Eguileor) el que da algo de información, aunque no le agrade. Sin embargo, no tarda mucho en darse cuenta del funcionamiento del lugar pero mantiene las esperanzas ya que se da cuenta que el piso 47 no está tan mal.

Es catalogado de comunista por creer que racionar la comida sería lo más justo para que todos puedan comer. Queda claro que sus buenas intenciones no son bien vistas por las personas de los niveles más cercanos, y allí es cuando presenciamos a un hombre que luego de cuestionar su moral construye una estrategia para hacer cosas que nunca imaginó que lograría.

La película es brutal en todos los sentidos. Su crítica social nos lleva a preguntarnos qué estaríamos dispuestos a hacer para sobrevivir y si es pronto nos encontraremos peleando por comida o algún otro elemento vital. Hace que nos cuestionemos si tanto nosotros como los demás podremos aceptar límites en nuestras necesidades o qué haríamos si estuviéramos en uno de los últimos pisos donde la comida es escasa. Pero principalmente que no dejemos de pensar en cómo los que tienen más privilegios suelen olvidarse del resto. Eso se plantea en el guión de David Desola y Pedro Riera, con una narrativa tan eficiente que se siente natural. Nos fuerza a observar los horrores que cometen los seres humanos y mientras la historia progresa, todo adquiere una fuerza implacable con altas dosis de violencia que hacen que no nos despeguemos de la pantalla ni por un minuto.

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Pero ‘The Platform’ es también hipnotizante en el sentido de que su diseño de producción y los efectos visuales son de alto nivel. Todo es grisáceo, intrigante y estilizado. El concepto de los escritores más la mano del director y las destacadas actuaciones de Massagué, Eguileor, y una también impactante Antonia San Juan, que captan a la perfección la devastación y la necia fé en la humanidad, convierte a esta no en una película cualquiera sino un viaje efectivo, despiadado y lleno de giros que actúa como un puñetazo a la cara del espectador. Será muy difícil olvidarla, pero es el reflejo que nuestra sociedad necesitaba con urgencia.


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