Con el propósito de encontrar una digna sucesora a ‘Game of Thrones’, HBO confió en la dupla conformada por Jonathan Nolan y Lisa Joy para crear una serie de televisión basada en la película homónima de 1973, que cuenta una historia sobre un parque de atracciones lleno de androides que terminan matando a los visitantes. Eso fue en 2016, pero ahora, luego de cuatro años y dos temporadas, regresan por una tercera tanda de episodios que, aunque no llena el vacío dejado por la adaptación de George R.R. Martin, ofrece algo diferente y no menos impactante.

Westworld‘ se había caracterizado desde siempre por saber cómo situar al espectador en el mundo del parque habitado por los anfitriones, pero esta vez el ambiente es otro. Su regreso demuestra que hay vida más allá de la fantasía creada por la Corporación Delos y nos presenta a un nuevo mundo que se abre ante nuestros ojos cuando logramos escapar del lejano oeste junto con la protagonista. Este cambio es la reinvención que necesitaba, y a la vez funciona como un reinicio suave lleno de nuevas oportunidades, pero con la misma disposición de sus creadores de apostar más por lo intelectual que por lo emocional.

Parce Domine es el título del episodio que arranca con una secuencia que nos mete de lleno en un futuro con tecnología muy avanzada. No tardamos en descubrir que Dolores (Evan Rachel Wood) se ha asentado de maravilla en el mundo real y se abre camino entre los humanos con objetivos bien claros. ¿Está buscando información? ¿tal vez venganza? Ella parece tener un plan pero nos tomará tiempo averiguarlo. El guión de la pareja de creadores no pierde el tiempo en decirnos que la líder de la rebelión la tiene fácil en un mundo donde todo es tecnológico, del cual saca provecho desde sus primeras escenas al evidenciar que puede conectarse con objetos y manejarlos a su antojo; sean estos puertas y vehículos por mencionar algunos.

Momentos después entendemos que su misión tiene que ver con una corporación llamada Incite (que por cierto depende de Delos), y Rehoboam, una inteligencia artificial cuyo sistema estratégico le permitió salvar al mundo del caos en el que se encontraba. Se asemeja a una bola con luces rojas, y resulta difícil creer lo que nos sugiere el episodio si intentamos asociarlo a la vida real: los humanos han encargado su libre albedrío a esa cosa, y si Dolores logra llegar a ella no queremos imaginar la cantidad de poder que tendría en sus manos, ya que controla cada decisión tomada por los humanos por más simple o compleja que parezca.

Pero la ex damisela en peligro no es el foco de atención de la hora y media que dura esta parte de la historia. También gira alrededor de otros dos personajes: Bernard Lowe (Jeffrey Wright) y Caleb Nichols (Aaron Paul). Al primero le toca viajar por el mundo para huir de Delos, ya que lo usaron como chivo expiatorio de la masacre ocurrida en el episodio final de la segunda temporada y le han puesto un precio a su cabeza. En cambio, Caleb es la mayor novedad por el momento. El recordado protagonista de ‘Breaking Bad’ es un veterano de guerra que funciona como el elemento que necesita la ficción para adquirir un tono humano más convencional, y también para demostrar lo dependientes que somos de la tecnología. Empezamos a aprender su rutina desde el momento en que se despierta y va al trabajo donde tiene un robot como compañero. La terapia de voz con un compañero del ejército ya fallecido, una tragedia familiar y los trabajos adicionales que debe aceptar para ganar dinero y pagar sus deudas.

La diferencia entre máquinas y humanos se vuelve difícil de distinguir, pero poco a poco notamos cambios en su actitud que abren grietas para que la necesidad que tiene de liberarse le permita sentir algo real. Y por si creímos que la nueva temporada no iba a tener corazón, surge un encuentro inesperado entre Dolores y Caleb que hace que empecemos con las teorías. Ella es un robot que necesita ayuda, pero odia a los humanos, y él es un humano dispuesto a ayudar sin conocerla y mucho menos que está decidida a acabar con los suyos. La intriga y el qué pasará quedan ahí, y no suponemos que él termine siendo otro robot porque es un giro que no sorprendería en absoluto. Lo que sí sería interesante es ver la dinámica que se desarrollará entre ellos y las posibles consecuencias en caso de que se terminen enamorando, que es lo que aparentemente empieza a construir la serie.

No cabe duda que todo esto es un gran comienzo, aunque muy ligero en comparación con la trama compleja que propuso desde su estreno en la pantalla chica. Quizás todo se enrede más adelante, pero por ahora nos ha dado tiempo para disfrutar con tranquilidad, sin creer que nos perdimos alguna pista. Los nuevos personajes son una gran adición, aunque Tommy Flanagan en el papel del guardaespaldas Martin Connells merece una mención especial.

El episodio incluye un cliffhanger por partida doble, incluyendo el de esa escena post-créditos que nos muestra a un personaje que había estado ausente en todo el metraje. También sirve como una bienvenida a War World, otro de los parques de Delos donde los nazis son los protagonistas, y por supuesto que queremos saber qué ha ocurrido y qué es lo que planea la malvada corporación. Con esto en mente, y todas las reflexiones sobre nuestro mundo y la situación en la que nos encontramos actualmente, es un buen momento para pensar si realmente queremos llegar a un futuro donde los humanos encargamos nuestras decisiones a un algoritmo… o nuestro poder en manos de grandes compañías y gente incorrecta.


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