‘Tidelands’: Si la marea crece, es porque trae sirenas

La primera producción original de Australia para Netflix es justamente una historia llena de playas y criaturas que habitan en el océano.

Se dice que, en la Antigüedad Clásica, las sirenas eran seres híbridos con rostro o torso de mujer y cuerpo de ave que habitaban en islas rocosas. Sin embargo, fue a partir de la Edad Media que estos seres adquirieron apariencia pisciforme: mujeres de gran belleza con cola de pez en lugar de piernas que habitaban en las profundidades del mar. Las leyendas dicen que poseen una irresistible voz melodiosa con la que atraían con locura a los hombres que surcaban los mares.

Tidelands‘ toma mucho de ese folclore y lo traslada a la pantalla chica en la forma de una serie de ocho episodios creada por Stephen M. Irwin y Leigh McGrath con Toa Fraser a cargo de la dirección. Su principal llamativo no es precisamente el hecho de que se trata de la primera producción original de ese rincón de Oceanía, sino que está protagonizada por la española Elsa Pataky, actriz a quien algunos conocerán por su participación en varias de las películas de ‘Rápidos y Furiosos’, aunque a otros tal vez se les suene por ser la esposa de Chris Hemsworth.

La puerta al mundo sobrenatural se abre en torno a una pequeña población pesquera en Orphelin Bay, donde Cal McTeer (Charlotte Best) regresa tras haber salido de prisión y empieza a descubrir que su pueblo natal guarda más secretos de los que creía. Entre cierto grupo de habitantes, el contrabando de drogas es cosa de todos los días, pero no es algo de conocimiento público, sino que se descubre a partir del momento en el que aparece el cuerpo sin vida de un pesquero en la costa.

Es muy probable que esta actividad ilícita no existiera en la zona si no fuera por los Tidelanders: unos seres mitad humanos y mitad sirenas, que rinden pleitesía a su misteriosa reina Adrielle Cuthbert, interpretada por Pataky. Ella no solo los lidera, sino que también está claramente involucrada con el negocio de la droga y es la mujer que toma las decisiones en todos los aspectos en esa parte de la bahía.

A las protagonistas se unen varios talentos nacionales como Aaron Jakubenko, que interpreta a Augie McTeer, el hermano de Cal, Peter O’Brien como el Tidelander Bill Sentelle, Richard Davies en el rol de Colton Raxter y Jacek Koman como el mafioso Gregori Stolin; además está el actor brasileño Marco Pigossi en el papel de Dylan.

Aunque se respire un aire telenovelesco, sus intenciones se acercan un poco más al de una serie de temática sobrenatural que no alcanza la calidad de otras grandes producciones, pero se deja disfrutar gracias a su original historia. Durante los primeros episodios sus diálogos son muy secos y no nos dejan acercarnos a conocer a los personajes ni profundizar en sus intenciones. Su ritmo rápido y claro llega a expensas de la construcción de personajes y cuando deja que los protagonistas nos hablen un poco de sus vidas, que lo hacen muy poco, la serie gana muchísimo.

Hay muchas incongruencias argumentales y por supuesto que predomina la lujuria como en toda producción que muestre sirenas, pero sobra la falta de atención a detalles y recurre a la típica acción de usar a la violencia para mezclarla con el sexo y la dominación. Aparte, también el guión lanza diversos conceptos al aire como la familia y la necesidad de encajar, pero se toma todo muy a la ligera cuando pudo haber sido una fortaleza. De haber decidido ahondar en esos temas, la serie habría adquirido un volumen que podrían convertirla en un producto único y más cercano al éxito.

Sus pocos episodios se van volando y se disfrutarán más si uno no se pregunta tantas cosas sobre lo que está pasando; de hecho Cal nos llega a caer muy bien pero nunca entendemos el porqué de su importancia para los Tidelanders luego de aquella gran revelación en los episodios iniciales. Pese a esto, el misterio, aunque sea muy predecible, y el retrato de estos seres mitológicos son suficientes puntos a favor como para decir que este relato vale la pena ver en Netflix, mientras nos rodeamos de estas enigmáticas y hostiles criaturas que pararon en las costas australianas.

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