‘Suspiria’: irregular reinterpretación del clásico de horror de Argento

Realizar un remake es desafiante, pues no solo se enfrenta al reto de hacer una película como tal, sino que también debe decidir si se convierte en un mero homenaje o en un relato con vida propia. La obra de Luca Guadagnino decidió adoptar las bases de la ‘Suspiria‘ de Dario Argento para reinterpretar libremente el resto, con un resultado irregular.

Con un vaivén entre el cine de género y la reflexión política, ‘Suspiria’ arranca en la Berlín de 1977 con Susie Bannion (Dakota Johnson), una bailarina americana que llega a Alemania para estudiar en la prestigiosa academia de baile de Madame Blanc (Tilda Swinton). De forma inesperada, la dedicación de la joven cautiva a la inaccesible directora de la Markos Dance Academy y se gana un lugar en la respetada institución, pero la alegría no dura mucho y pronto la paranoia se desata a raíz de la desaparición de Patricia Hingle (Chloë Grace Moretz), una de las estudiantes de la academia.

Junto a Sara (Mia Goth) y la intervención del psicólogo Josef Klemperer (Lutz Ebersdorf, en realidad una maquilladísima Tilda Swinton), Susie indaga lo que esconden los muros del viejo edificio que alberga a muchas chicas como ella, sin cobrarles pensión alguna, además de la misteriosa desaparición de su compañera y ese extraño grupo de mujeres que tratan a las estudiantes como si fueran sus hijas. ¿Está Susie realmente en peligro o es su imaginación jugándole una mala pasada?

En la película de 1977, Dario Argento nos contaba una sangrienta historia de malvadas brujas -y su aquelarre- en una academia de baile, pero aquí se narra el horror de la política y los estragos de la guerra, cuya meditación a veces se entromete demasiado en el relato y no puede evitar ser aburrido. Así mismo, desde el primer minuto queda claro que el remake hace su mejor esfuerzo por aportar un enfoque diferente, aunque eso signifique sacrificar lo que la podría haber vuelto grandiosa, como el hecho de despedirse de impresionantes escenarios y el uso de colores que aportaban viveza a la obra original.

Pese a esto, el largometraje sí es capaz de trasladarnos a los años setenta gracias a los elementos fundamentales del remake, como las coreografías y algunos recursos ópticos que nos remiten al cine de esa década. La danza es de hecho uno de los recursos mejor aprovechados por Guadagnino al convertirla en un personaje más y lo lleva al extremo al plantear una relación íntima entre ella y la muerte, provocando una unión que nos entrega la mejor secuencia de todo el filme.

Además, ‘Suspiria’ entiende la danza, y el arte, como una forma de ritual con gran potencial para ser explorado a lo largo de la película. Esto es demostrado a la perfección con la representación de la obra Volk que se prepara en la academia y cuya presentación frente al público es digna de una historia inspirada en la obra Argento. Y también, esta forma de expresión funciona como un conjuro para el gran y horrendo final que se convierte en un clímax que más recuerda a ‘Mother!’ de Aronofsky. 

No se puede negar que la película respira valentía por donde se la mire y explora sus ideas hasta las últimas consecuencias. Sin embargo, no está alejada de una sucesión de errores que se hace más grande con el pasar de los minutos y, a pesar de sobre esforzarse en las mejores escenas, que por cierto son muy pocas, son sus propios errores los que la condenan; ni qué hablar de los constantes bajones de interés a los que nos somete como espectadores, que son grandes baches de los que difícilmente sale con rapidez. 

Su desenlace se cocina a fuego lento durante la última media hora del larguísimo relato y contrasta con las ideas presentadas, pero será la delicia de aquellos que esperaban la espectacularidad visual y locura de las obras de carácter sobrenatural de Dario Argento, aunque de la mano de Guadagnino todo luzca más sombrío por la ausencia de colores vivos y un tanto agridulce en su ejecución. 

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