‘Viudas’: cuatro mujeres, una deuda y el mejor atraco de la década

El regreso de Steve McQueen no solo es una de las películas más esperadas del año, sino que también es la más accesible de su filmografía. Está de más decir que no por eso deja de ser muy buena y más aún al contar con un repartazo; de lejos el estreno más interesante de esta semana.

El director británico vuelve al ruedo luego de la ¿aclamada? ’12 Years a Slave’ con la que se alzó un premio Óscar a Mejor Película en 2013. Ahora McQueen decide hacer su versión de la serie británica de 1983, ‘Viudas‘ (Widows), originalmente creada por Lynda La Plante. Para esto ha decidido juntarse con la escritora Gillian Flynn -mejor conocida por sus obras ‘Perdida (‘Gone Girl’), ‘Heridas Abiertas’ (‘Sharp Objects’) y las posteriores adaptaciones al cine y televisión de ambas- que reversiona por primera vez una obra que no ha sido escrita por ella.

La historia arranca con un grupo de criminales liderado por Harry Rawlings (Liam Neeson), un hombre con una gran carrera criminal que junto a tres cómplices (Jon Bernthal, Coburn Gross y Manuel García-Rulfo) muere durante uno de sus atracos donde nada les salió bien. Veronica (Viola Davis) es la viuda de Harry y aquí, donde cualquiera creería que ella solo debe lidiar con su repentina pérdida, las cosas se ponen interesantes al enterarse que ha heredado una deuda millonaria que deberá pagar si no quiere morir.

Resulta que la deuda, adquirida involuntariamente, se debe que a que Rawlings robó dos millones de dólares a Jamal Manning (Brian Tyree Henry), jefe criminal del distrito 18 de Chicago, quien justo había decidido hacerse el bueno, blanquear sus negocios y lanzarse para concejal. En este momento la película introduce al poderoso contrincante de Manning, Jack Mulligan (Colin Farrell), que viene de una familia con un gran historial en la política; empezando a marcar el tono socio-político del filme.

Son muchas las tramas y los personajes en Viudas, pero las historias se empiezan a aunar cuando sabemos que Jamal y Jatemme (Daniel Kaluuya), su violento hermano, orquestan una serie de planes para que el afroamericano se convierta en el primero en la historia en representar al distrito. Esta posición no les daría mayores ingresos, pero sí les haría ganar contactos y su trama se une a la principal cuando se deja en claro que los fondos para la campaña volaron por los aires con el cuerpo de Harry Rawlings.

Regresamos a Veronica, que no duda en contactar a las viudas de los secuaces de su esposo para salir del problema. Entran Linda Perelli (Michelle Rodríguez), dueña de una tienda que acaba de perder por las deudas de su esposo y madre de dos hijos; Alice Gunner (Elizabeth Debicki), una mujer -la clásica cara bonita- víctima de una relación abusiva y Amanda Nunn (Carrie Coon), que queda como madre soltera con un pequeño de cuatro meses de edad.

A ellas les propone realizar el último golpe que había planeado Harry, del que de salir victoriosas obtendrían el dinero para saldar las deudas, y de paso les sobraría dinero con el que dejar sus vidas resueltas. La idea parecerá absurda al comienzo, pero cuando combinas las ganas de salir adelante de estas mujeres, con su desesperación, harán todo lo que está a su alcance.

El largometraje muestra todo el camino que recorren, incluyendo ensayos y errores, porque no están dispuestas a ceder en el proceso. Aunque Amanda evita unirse, tenemos en Veronica, Linda, Alice y Belle (que se une mucho después) a mujeres luchadoras, esposas, madres y víctimas creíbles.

El guión que plantean Flynn y McQueen hace que todo avance de forma calmada, dejando que los personajes e historias se desarrollen con gran acierto y fortaleciendo la construcción de vínculos a la vez que nosotros, del otro lado de la pantalla, vemos cómo todo evoluciona de forma natural. La narrativa logra tener un balance perfecto al mostrar los problemas de los personajes e intercalarlos con las etapas del plan, siempre con una acertada dosificación de sorpresas, cual máquina perfectamente engrasada.

No queda duda que la que se lleva la película es Viola Davis, pero el enorme elenco destaca y sobre todo el trío principal de actrices (Davis, Debicki, Rodríguez) que llevan adelante una historia que jamás decae. Sus actuaciones son tan naturales y tan buenas que parece un trabajo de orfebrería, llevando a que la película sea una obra redonda en todos sus aspectos.

Uno de los puntos más fuertes es que ‘Viudas’ no usa el robo como excusa para el mero entretenimiento. Queda demostrado más bien que el robo sí es una excusa para contarnos una historia de mujeres fuertes y dispuestas a salir de la adversidad a cualquier costo. Su determinación es la carta que juegan, y es esencial para que crezcan como personajes. Mientras tanto, todo se va conectando a la otra gran trama del filme, de corte político, que también se hace eco de las eternas polémicas raciales y la posesión de armas en Estados Unidos.

La mano de obra de Steve McQueen se traduce en una dirección llena de elegancia y estilo que convierte a Chicago en una ciudad que respira del ambiente británico por donde se la mire. Mientras otro hubiera preferido un ritmo frenético, el director británico está en estado de gracia y se toma las cosas con calma, regalándonos unos bellísimos planos largos e imprimiendo su madurez artística al filme.

Estamos ante notable thriller que entrega entretenimiento de altísimo nivel y mucha sustancia. Tal vez a McQueen se le fue la mano dura, pero a estas alturas de la vida quién necesita sutilezas. Más allá de esos pequeños detalles, ‘Viudas’ es una película a la que le falta nada para ser lo mejor del año… y es un gran paso para confirmar que el cine de género puede ser tan bien contado por mujeres y hombres.

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