‘Aquaman’: un pequeño paso para Atlantis, un gran paso para DC Comics

Ya llegó el héroe de Atlantis. En esta ocasión, el Universo DC presenta la primera película en solitario de este personaje que siempre ha sido trolleado al máximo, pero que para los más lectores se trata en realidad de uno de los personajes más fuertes de DC Comics. 

Desde ‘Wonder Woman’, la compañía de cómics y Warner Bros., el estudio encargado de la parafernalia cinematográfica, parecen dar más señales de vida que van por el camino correcto. Claro que la aventura de la amazona dejó la vara muy alta, pero a fin de cuentas el atrevimiento de James Wan es muy grande y no permite que su película se quede muy por detrás de la de Patty Jenkins.

Aquaman‘ es la nueva apuesta del sello editorial en el paso al live-action, y aunque proyectos como ‘Superman’ y ‘Flash’ estén desaparecidos de las intenciones de la compañía, parece que están decididos a levantar cabeza al darnos una muestra más de lo bien que pueden llegar a hacer las cosas cuando se lo proponen de verdad.

Pues bien, sepan todos que la película del personaje acuático pasa directamente a ser una de las mejores de superhéroes de los últimos años. James Wan logra un ambicioso filme lleno de espectacularidad visual que mezcla un buen puñado de géneros, una aventura que por ratos recuerda a ‘Indiana Jones’, con esa esencia ochentera que no se atreven a lograr las películas de hoy en día y llena de drama que bien podría salir del propio Shakespeare, al que el director imprime un toque más o menos propio.

La película de ‘Aquaman’ es todo eso y más. Puede que parezca raro, pero es una ensalada que funciona muy bien. Wan logra que todo eso, junto a los momentos cursis -muy bien llevados, por cierto- adquiera un notable nivel que hasta el más hater no puede evitar disfrutar, aunque le cueste creer lo que ve.

El filme arranca antes del nacimiento del protagonista, con un bellísimo prólogo donde Tom (Temuera Morrison), el cuidador de un faro, descubre a una malherida Atlanna (Nicole Kidman) en la costa, de la que después se enterará que es una reina que ha escapado de un matrimonio arreglado en las profundidades del océano. 

Él cura sus heridas y cuida de ella, solo para que después terminen por enamorarse el uno del otro -obviando el cómico choque cultural entre ellos- y terminar teniendo al pequeño Arthur que podría convertirse en el nexo entre los dos mundos: el de la superficie y el de los mares. La felicidad de los Curry dura poco y Atlanna debe regresar a su lugar en el trono (y ese matrimonio arreglado que mencioné) si quiere proteger a su familia que vive en la superficie de los soldados de Atlantis que la buscan.

Pasa el tiempo y vamos al presente, donde vemos a Arthur (Jason Momoa) enfrentarse a un temido grupo de piratas que han secuestrado a un submarino ruso, tan solo 24 horas después de los sucesos de Justice League. El encuentro es violento y el protagonista logra salvar a la tripulación solo para ganarse un enemigo cuando se produzca el primer choque entre él y David Hyde (Yahya Abdul-Mateen II), un antagonista que se ve obligado a abrazar el alter ego de Black Manta para jurar venganza contra Aquaman. Este villano está muy bien justificado -aunque al final resulte bidimensional- y a él se suma el rey Orm (Patrick Wilson) como el segundo antagonista y medio hermano de Arthur, siendo uno de los puntos más interesantes del largometraje.

Mientras que los argumentos de Black Manta son estrictamente personales, los de Orm van más allá al mostrar su resentimiento con los humanos por la contaminación de las aguas. El toque ecologista de Aquaman nos recuerda que los verdaderos villanos somos nosotros y esa es la razón por la cual el actual rey de Atlantis necesita de una excusa para poder empezar una guerra para la que ya había empezado a reunirse con los líderes de otros reinos, entre los que destacan el rey Nereus (Dolph Lundgren) de la tribu Xebel y padre de Mera (Amber Heard). 

Ante la guerra que se avecina, es Mera, la prometida de Orm, quien se dirige a la superficie para lograr convencer a Arthur de reclamar su lugar en el trono que le pertenece por derecho. Él no tiene la intención de ser rey de quienes persiguieron a su madre y Orm lo detesta por su condición de mestizo. Con todo este drama de por medio, continúa una aventura plagada de obstáculos y peligros, no muy alejada de la de cualquier personaje de la mitología griega, hasta que el héroe decida por fin abrazar su nuevo destino.

Hay momentos increíblemente hermosos si hablamos del apartado visual, donde la recreación de los siete reinos y la ciudad de Atlantis son verdaderos prodigios que nos trasladan por completo al fondo del mar y quedan tan bien en la pantalla grande. Es imposible no caer rendidos ante el sinfín de escenarios creados de forma magistral por el equipo que trabajó en Aquaman que destacan aún más con el acompañamiento de un inspirado Rupert Gregson-Williams en la banda sonora.

Se le restan algunos puntos, aunque no tantos, por la cantidad de macro temas que la cinta intenta abarcar. Eso, su duración de casi dos horas y media que pudo ser menor (es probable que en algún momento el espectador se haya sentido agobiado) y el hecho de que su primer villano, aunque bien justificado, podría haberse obviado sin problema.

En cualquier caso, Wan y el resto de valientes que se lanzaron a las aguas para poder hacer posible Aquaman han entregado un resultado muy notable. Este universo marino es lo que DC Comics necesitaba para demostrarnos que su momento de brillantez no se extinguió con ‘Wonder Woman’, sino que más bien se expande y sus buenas ideas siguen ahí, quizás a la espera de gente de bien que pueda materializarlas para traernos más de sus historias.

Larga vida al rey. 

Comparte el artítulo