‘Animales Fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald’: Una que otra chispa de magia para los más nostálgicos

Harry Potter‘ llegó a su fin hace siete años, pero su mundo mágico continúa siendo una de las franquicias más populares de todos los tiempos. La secuela de ‘Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos‘ llegó por fin a la pantalla grande y aunque sea el filme más irregular de toda la saga, logra arreglárselas para conquistar a los más fans.

El nuevo capítulo en la historia de J. K. Rowling es el décimo filme en estrenarse y el sexto en ser dirigido por el inamovible David Yates, quien de seguro hizo un pacto de sangre con la autora para quedarse con el puesto. Esta segunda parte de las precuelas de ‘Harry Potter’ nos deja en claro dos cosas: la primera es que en realidad es la historia de Gellert Grindelwald (Johnny Depp) mientras Newt y compañía pasan totalmente a un segundo plano.

La segunda es que ‘Los Crímenes de Grindelwald‘ no tiene pies ni cabeza. La historia que está escrita en su totalidad por la autora de los libros se va por las ramas e intenta abarcar mil y una historias por contar, sin consolidar ni una sola de ellas. Es más, podría decir incluso que rompió algunas de sus reglas y se olvidó del canon que había construido… a no ser que al final saque un conejo del sombrero y haga como si nada pasó, pero de momento no lo veo posible.

La película nos sitúa unos meses después de todo lo que vimos en la primera parte, con Grindelwald bajo la custodia de MACUSA (Ministerio de Magia de los Estados Unidos), a quien vemos a punto de ser llevado a Europa para que lo juzguen por sus crímenes. Lo que no sabíamos es que este personaje escaparía unos minutos después gracias a la ayuda de sus secuaces.

Más adelante, habiendo pasado seis meses del escape de Grindelwald nos encontramos con Newt en el Ministerio de Magia en Londres, solicitando un permiso para salir del país y continuar con su tarea de catalogar animalitos, o eso es lo que imaginamos. Allí nos enteramos que el joven magizoólogo tiene prohibido salir luego de la destrucción de Nueva York, de la que se le echa la culpa.

Entre estos trámites, Newt se reencuentra con Jacob (Dan Fogler) y Queenie (Alison Sudol), con ella huyendo después por líos amorosos y dejando al carismático muggle con su amigo. Posteriormente el protagonista se reúne con Dumbledore, donde se nos revela que el conocido mago tuvo algo que ver con la visita de Scamander a Norteamérica y a su vez le encarga una nueva misión: ir a París, localizar a Credence Barebone (Ezra Miller) y protegerlo de Grindelwald.

La historia es interesante y los personajes que conocimos se encuentran bien definidos, pero la falta de consistencia narrativa deja en evidencia que Rowling es una excelente contadora de historias con grandes ideas, pero como guionista cinematográfica es pésima; y se dice por ahí que escribir ‘Los Crímenes de Grindelwald‘ le tomó tan solo 25 minutos y de ser cierto esto explicaría muchas cosas.

Haciéndole la contra, tenemos a un David Yates que dirige esta entrega con mayor soltura que en la primera, dotando de equilibrio a la atolondrada trama gracias a su montaje -que hace lo mejor que puede por darle sentido a las tantas cosas que están pasando- logrando dar algo de sentido a la cinta y la salva de irregularidades en cuanto a ritmo. Después de cinco películas de ‘Harry Potter’, lo mínimo que puede hacer es saber dirigirlas y en esta lo hace como si se paseara por su casa.

En esta segunda entrega conocemos al villano a profundidad, con la capital francesa como gran escenario de los muchos conflictos que lo involucran. Finalmente vemos a Depp interpretar a un personaje que no se trata de él mismo, y aunque no sea santo de mi devoción disfruté de su interpretación y es de lo mejor de la película.

No solo su llamativo look se roba la atención cuando aparece en escena, sino que su carisma y ese gran discurso socio-político que se mueve alrededor de este personaje, es lo que logra una empatía única junto a una nueva e inesperada dimensión sobre este poderoso mago, augurando grandes momentos para las tres secuelas que vendrán en el futuro.

Más allá de lo bueno y malo, debo decir que ‘Animales Fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald‘ expande con éxito este universo y nos presenta el lado más oscuro y político de esta mágica franquicia, pero aquí sí que se puede decir que viene un gran problema: la película está hecha para los fans y por los fans, o debería decir los más fans. El espectador promedio que termina viendo este filme -por cosas de la vida- no entenderá nada de lo que está pasando si no posee conocimientos previos y es que a la creación de Rowling le gusta explicar poco o nada sobre sus hechizos y criaturas.

Después de dos películas sigo sin entender cuál es el propósito de Credence, y por qué él y Nagini son inseparables, aunque podría decir lo mismo de Newt. Si bien los hilos de Rowling no van hacia ningún lado, me quedo con todas esas revelaciones finales cuyo único propósito fue dejar nuestros conocimientos de cabeza. Y sí, más de dos horas de película solo para llegar a ese final.

Espero que ‘Animales Fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald’ no sea un adelanto de eso en lo que se está convirtiendo una de las franquicias más queridas del cine: exceso de personajes y criaturas, relatos largos que no están en buena forma y una sorpresa al final para asegurarse de que correremos al cine con un nuevo estreno. Rowling está improvisando y aunque como fans nos guste algo de lo que vemos, sus acciones no solo retuercen el canon, sino que demuestra que la magia se va apagando.

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