‘Black Panther’: un gran paso para el cine superheroico

Wakanda superó todas nuestras expectativas.

No tendrán nada que ver en lo narrativo, pero hay muchos aspectos por los que podría decirse que ‘Black Panther‘ es a Marvel lo que ‘Wonder Woman’ fue (y es) a DC si hablamos desde el punto de vista cinematográfico y sus repercusiones en esta y las próximas generaciones. Ambas son grandes logros -en varios aspectos- precisamente porque no necesitan mirar atrás -hacia sus respectivas franquicias- para poder existir por su cuenta y funcionar. Con este antecedente es que inició el triunfo de estas películas para continuar por ese camino al adoptar -sin peros- a la diversidad e inclusión de géneros y culturas que se están quedando relegados en cuanto se refiere a producciones hollywoodenses.

Mucho se habla sobre el estado actual de las representaciones afroamericanas (y femeninas) en el cine y más en esta época con todo esto del Oscars So White y la vestimenta negra con el pin de Time’s Up. La representación importa y mucho. Quién no encendió la tv alguna vez para ver a su superhéroe favorito o a ese personaje con el que identificarse, que abría las puertas a soñar y a querer ser los héroes de nuestras propias historias. Aunque superhéroes negros ya han sido llevados a la pantalla grande, este es el primero en haberse creado (allá por 1966) y cuya presencia causaba expectativas para Marvel, sin olvidar mencionar a Falcon -creado un par de años después de ‘Black Panther’- aunque este más tenga de compañero que de protagonista.

La película comienza con un prólogo situado en el año 1992, donde vemos a un joven rey T’Chaka, enfrentando a su hermano N’Jobu (Sterling K. Brown) por errores cometidos. Esta escena nos da un trasfondo para el resto de la historia que nos sitúa exactamente una semana después de lo visto en ‘Captain America: Civil War’ y dos meses antes de ‘Spiderman: Homecoming’ según lo que esta indicó en su momento. Vale agregar que Brad Winderbaum, productor ejecutivo de ‘Thor: Ragnarok’, justamente había comentado que las películas de esta tercera fase suceden “una encima de la otra”.

Los sucesos principales transcurren en Wakanda. Tras ‘Civil War,’ el pueblo perdió a su líder y nuestro héroe a su padre, el rey T’Chaka. Las leyes y la lógica dictan que se debe coronar un nuevo rey por lo que T’Challa adopta el rol de líder de esta nación africana. A ojos del mundo, Wakanda es un país tercermundista sumido en la desgracia. Lo que nadie se hubiera imaginado es que en realidad esta una región muy próspera y llena de vanguardia tecnológica cuyos progresos, como ella misma, permanecen en la clandestinidad. El problema es que hay exploradores que buscan el lugar, porque estas tierras son una gran fuente de Vibranium, un mineral extraterrestre de alta resistencia que absorbe energías vibratorias, difícil de destruir, y codiciado por adversarios de toda clase, e incluso gente de su mismo pueblo. El más conocido es Ulises Klaue (el siempre carismático Andy Serkis) quien ya lo había robado antes, por lo que con justa razón fue que Wakanda decidió cerrar sus fronteras al mundo, para evitar que este recurso caiga en las manos equivocadas y viéndolo desde otro punto de vista, un grave error ya que otras naciones podrían progresar gracias a semejante tecnología.

Son varios los conflictos de la película. La situación global durante estos sucesos, T’Challa cayendo en la disyuntiva de solo cuidar a los suyos o mostrarse al mundo y compartir sus avances. Por otro lado, está la amenaza continua de Klaue y Erik Killmonger (Michael B. Jordan), un joven wakandiano criado en California, lleno de ideas un tanto extremistas que guarda resentimientos a su rey.

Killmonger no es un villano al uso, él es la verdadera contracara del héroe. Cuando se muestra como es, con su forma de ser e ideas, nos damos cuenta que a pesar de ser tan radical tiene mucho de razón en sus palabras y logra poner en jaque a todo un país. Erik tiene la intención de demostrarle al mundo cuán fuerte es Wakanda sin importar el resto y literalmente pone todo de cabeza. Michael B. Jordan es un gran acierto, logra meternos de lleno en la psicología de su personaje haciendo que sea fácil entender su motivación y quizá hasta empaticemos con él.

El filme dirigido por Ryan Coogler (el director de ‘Creed’) es muy colorido, sus paisajes vistosos y la cultura africana está en todo su esplendor. Estas cosas hacen de ‘Black Panther’ una muy bella película, algo que en este género cinematográfico no sucede. La mitología y las costumbres están presentes ya sea desde los rituales, la vestimenta o la música de Ludwig Göransson. Para nuestra mala suerte, el CGI es muy notorio en las secuencias más cargadas de efectos especiales y resta algo de perfección a este conjunto visual. Por lo demás, todo funciona. El guión de Coogler y Joe Robert Cole logra mantenerse sólido a pesar de solo un par de ocasiones donde hay situaciones que involucran a Klaue y Killmonger que no tienen lógica, porque ¿Para qué necesitaba Erik a Ulises cuando este en realidad no le era útil?

El elenco es de primerísimo nivel, lleno de excelentes actuaciones, todos brillan. La representación femenina está a la orden del día y muy bien llevada, con la presencia de las Dora Milaje (los guardaespaldas del rey, todas mujeres tal como en el cómic) cuya líder es Okoye (Danai Gurira). Nakia (Lupita Nyong’o) es mucho más que el interés amoroso de T’Challa y Shuri (Letitia Wright) es el cerebro de las novedades tecnológicas, entre ellos la creación del traje de ‘Black Panther’ y sus gadgets. Todas son mujeres que van de igual a igual que sus contrapartes.

‘Black Panther’ plantea un argumento que parece ser sencillo. Algún momento predecible, lo hay, pero está lleno de decisiones y conflictos que no lo son y sirven para enriquecer la historia de sus protagonistas, al mismo tiempo que nos ponemos en sus zapatos y empatizamos con sus elecciones. Una travesía llena de sensibilidad, discursos políticos frontales, emociones y protagonistas que no se convierten en víctimas dentro de una cultura que intenta no repetir los errores del pasado, enarbolando la bandera de igualdad e inclusión en un filme que se sitúa dentro de lo más alto del MCU. Estamos ante una de las poquísimas veces en que a algo del género superheroico se le puede decir buen cine con todas las letras.

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