‘Tomb Raider’: Un buen reinicio para Lara Croft

La archiconocida franquicia de videojuegos regresa con un reboot cinematográfico.

Vivimos tiempos muy distintos a los de hace 15 años, donde veíamos a una hiper sexualizada Angelina Jolie que no dejaba de asombrarnos con sus maniobras casi robóticas en ‘Lara Croft: Tomb Raider‘ (2001), pero en honor a la verdad, ella solo cumplía el estándar de ese entonces para las superheroínas. En la actualidad la cosa es muy diferente, puesto que ya no se caen en esos clichés fácilmente sino que tenemos el “lujo” de vivir en el tiempo donde estos personajes son más humanos que cualquier otra cosa: tienen destrezas, vulnerabilidades y muchas ganas de superarse.

Tomb Raider‘ (2018), borrón y cuenta nueva para la franquicia de Square Enix, es la historia de una joven Lara Croft (Alicia Vikander) que está camino a convertirse en la heroína que todos conocemos.Un comienzo que va muy bien de la mano de una adaptación cinematográfica que nos da un mayor lienzo sobre el que conocer su historia, al contrario del videojuego. Esta Lara, de 21 años de edad, tiene un mayor background: a duras penas tiene donde dormir, trabaja como repartidora de comida en bicicleta y está a punto de que se le prohíba el ingreso al gimnasio donde entrena por culpa de las deudas; es muy terca como para aceptar la fortuna que le dejó su padre Richard Croft (Dominic West) -quien la había dejado cuando era una niña- porque no logra aceptar que está muerto, mientras que la empresa familiar pende de un hilo al no tener su firma como heredera y alguien que represente la compañía.

Esto del gimnasio -que ya mencioné- junto a una competencia en bicicleta hacen del arranque uno muy urbano que es intercalado con escenas donde vemos a Lara en su niñez, aprendiendo a mejorar su puntería con el arco. Este prólogo funciona a la perfección para otorgar ese aire de credibilidad a las escenas de acción que se sienten muy orgánicas; y de hecho el entrenamiento al que estuvo sometida la actriz rindió con creces ya que se la nota muy fluida siguiendo unas secuencias de lo más interesantes.

Una pista de su padre la conduce a Yamatai, una remota isla en Japón que -oh coincidencia- es el último paradero del que se supo algo sobre el. Para hacerlo más tenebroso aún, es en esta isla donde yacen los restos de la reina Himiko, quien según la leyenda tenía el poder sobre la vida y la muerte. A modo de puzzle, Richard dejó pistas sobre esto, seguramente porque sabía que su hija sería capaz de resolverlos.

Es de esta forma que Lara llega a Hong Kong tratando de encontrar a Lu Ren (Daniel Wu), cuyo padre se perdió junto al de ella en esa extraña misión. A pesar que el primer encuentro no fue tan amistoso que digamos, ambos hicieron sus diferencias a un lado y se ven en camino a Yamatai al bordo de un barco destartalado. Al caer la noche el navío sucumbe ante una tormenta de gran magnitud que termina destrozándolo, con Lara llegando a la costa sin saber nada sobre su compañero de viaje y para colmo siendo atrapada por Mathias Vogel (Walton Goggins), líder de la expedición que busca la tumba de Himiko para quién sabe qué perversos planes.

Lo que sigue es a lo que vinimos: la aventura. A partir de aquí es donde empieza el corre corre y el feeling -más de lleno- al videojuego, salpicado con referencias al mismo, a un arquéologo famoso (quizá unos cuántos guiños tomados que no pasan desapercibidos) y seguido de esas partes imprescindibles en Tomb Raider: los viajes exóticos, profanaciones de tumbas, puzzles y persecuciones que encajan de forma natural.

Este argumento, que recoge la trama de los últimos juegos, ha reinventado lo que creíamos saber sobre nuestra heroína y nos ha dejado una Lara Croft que a veces recibe más golpes de los que da, vulnerable, nada glamourosa, dispuesta a todo y que se equipa con lo que encuentra. Por otro lado Alicia Vikander ha sido una grata sorpresa como ícono del cine de acción, quién lo hubiera imaginado, siempre bien parada y resulta creíble. A pesar de estar inmersa en una de esas aparatosas adaptaciones de videojuegos de las que pocos salen vivos, es ella quien cumple de forma sobresaliente, por encima de todo. Si la narrativa va decayendo es ella quien está para levantarla. Logra equilibrar la selvática aventura con la fragilidad de la nueva Lara, explota aún más el trasfondo que se le ha dado y hace de ella un personaje tridimensional en todo el sentido de la palabra.

Justamente Vikander es quien no permite que Tomb Raider naufrague ante su carencia: meter drama innecesario y la falta de humor, que de no ser por Nick Frost la película en ese sentido hubiera sido una tumba más, y volviendo al drama sí que era algo innecesario tener que usar a Richard Croft como vía para querer arrancar lágrimas al espectador cuando lo único que lograba era interrumpir la adrenalina del filme. Un par de escenas sobre el no estaban mal, pero tampoco quieran metérmelo por los ojos, eh.

Lara Croft se moderniza en esta aventura con una nueva perspectiva de la heroína, más cercana a lo que es una mujer en la realidad, cosa que se agradece. ‘Tomb Raider’ es el descubrimiento de una Alicia Vikander que nos convence en los momentos más tensos y los más dramáticos, cargándose al hombro la película y también es el redescubrimiento del cine clásico de aventuras; entretenimiento puro con una puerta abierta a una segunda parte. Por mi lado estoy tranquila, tenemos un buen (re)inicio de franquicia.

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