‘The Shape of Water’: Guillermo Del Toro en su mejor forma

No nos dejemos llevar por las apariencias.

A lo largo de su carrera, Guillermo del Toro ha sabido aunar cuentos de hadas con monstruos, y hasta el cansancio nos ha demostrado que sus criaturas sirven para mucho más que asustar. Esta producción le ha otorgado grandes alegrías, buenas críticas, un Globo de Oro y el Bafta como Mejor Director, porque esta producción no es para menos.

The Shape of Water‘ nos traslada al punto más álgido de la Guerra Fría, donde se nos cuenta la historia de Elisa, una chica muda que trabaja como empleada de limpieza en las instalaciones secretas del gobierno. De pronto la cotidianidad de su trabajo se ve alterada por la llegada de un ser, algo que luce como un monstruo a simple vista, que es llevado a estas instalaciones donde es encerrado para ser estudiado. Esta criatura (Doug Jones, el eterno “monstruo” de Del Toro), con apariencia de anfibio y de origen submarino, causa la impresión de los trabajadores por sus particulares cualidades y se gana la especial curiosidad de Elisa desde el comienzo.

Ella está consciente de su discapacidad, pero eso no la detiene en lo más mínimo e intenta establecer comunicación con él, lo que resulta en algo nada convencional. El, con una particular curiosidad, permite el acercamiento de Elisa. A partir de ese momento, empiezan a sentir empatía el uno hacia el otro y se da lugar a una bella e inusual relación, alejada de los prejuicios y el qué dirán, gracias a que se mantiene en secreto.

Aunque Elisa sea amable con esta criatura, el resto no lo es. La criatura es víctima de constantes experimentos y ataques. El gobierno necesita saberlo todo ante la presión de que en cualquier momento los rusos podrían infiltrarse u obtener información antes que ellos. Con esto en contra, Elisa arma un plan para liberarlo, pero las sospechas del coronel Richard Strickland (Michael Shannon, el verdadero monstruo de este filme) la ponen en una carrera a contrarreloj. Ahora es donde nos preguntamos ¿Logrará llevar a la criatura a aguas más cercanas donde pueda estar seguro? ¿Qué pasará con Elisa? Estas y otras preguntas serán respondidas con la magia que caracteriza al director mexicano.

Si decimos que ‘The Shape of Water’ es solo una carta de amor de Guillermo del Toro al cine, nos quedamos a medio camino. Este filme está lleno de una multitud de capas donde, aparte de impregnar su estilo y convicciones, realiza una dura crítica sobre la intolerancia a lo que es diferente, al racismo y a los prejuicios. Estamos también ante el lado más optimista y romántico del mexicano, algo que no es común en él, quien se ha caracterizado por hacer de sus monstruos lo contrario a lo que se ha hecho ya en el cine: invertir los papeles y convertir a estos seres en personajes tridimensionales, con un trasfondo y algo más, porque acá los monstruos no son los villanos del cuento y la mujer no es la damisela en peligro.

Sally Hawkins es el centro de todo esto. No necesita de diálogos y logra comunicarse perfectamente dentro de la historia y con el espectador. Hace de su personaje una mujer solitaria que sueña despierta y que tiene gran determinación al momento de tomar decisiones; sabe comunicar sus sentimientos y frustraciones. Michael Shannon, por otro lado, convence como Strickland en su lado más intenso y amenazador. Ser el malo de la película es algo que le sienta bien. En el resto del reparto encontramos a Octavia Spencer, quien personifica a Zelda, amiga de Elisa, que actúa bien como siempre en un papel que le exige muy poco y Richard Jenkins en la piel de Giles, su vecino, quien es un artista y la compañía más cercana de Elisa, con mayor peso en la historia.

En esta producción resaltan de forma considerable el bellísimo trabajo de fotografía, diseño de producción, vestuario y maquillaje, que forman un todo digno de ver en la pantalla grande. Su estilo visual luce perfecto, complementado por el gusto milimétrico por los detalles, junto con una paleta de colores que luce muy de época y nos sumerge de lleno en estas aguas profundas llenas de verdes y azules. Detalles como estos y la notable banda sonora de Alexandre Desplat, ayudan a suplir la falta de sorpresas y minimiza un poco -aunque igual sea notorio- lo predecible de su guión.

No cabe duda que Guillermo del Toro es un poeta visual, capaz de mostrar luz en los lugares más oscuros y llenos de tragedia donde siempre habrá personajes que, a pesar de las adversidades, sueñan con un mundo mejor. Su cine es toda una experiencia que vale la pena vivir; esta fábula adulta es una bella paradoja que tiene fuerza, magia y un mensaje clarísimo que cae como anillo al dedo en los tiempos que vivimos actualmente. ¡Larga vida al género fantástico! Este podría ser su año.

Comparte el artítulo