‘Orange Is the New Black’: Menos Piper, por favor

Las ojeras con las que escribo este artículo valen la pena. He terminado la cuarta temporada de ‘Orange Is the New Black’, la serie que narra las aventuras y desventuras de las prisioneras de Litchfield y es momento de contarles mis impresiones.

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Cuatro temporadas han pasado desde que conocimos la historia de Piper Chapman (Taylor Schilling), supimos como gracias a su ex novia Alex Vause (Laura Prepon) terminó en la cárcel, cumpliendo una condena y conociendo a cientos de chicas que tienen -al igual que ella- la obligación de convivir entre sí sin importar la tensión racial que exista, religión, preferencias sexuales y más.

La primera temporada, basada en la obra de Piper Kerman, logró conquistar a la crítica que se enamoró de la historia de esta mujer normal -como tú y como cualquiera- que llega a este mundo de criminales y debe adaptarse al medio, algo que no es nada fácil teniendo en cuenta que en el camino pierde a su mejor amiga y a su novio, inclusive a su propia familia. Y es que es muy complicado tener un vida en la cárcel y sostener la que tienes fuera.

Hasta ahí, la tenemos clara. Sin embargo, una de las mejores y peores ideas que tuvieron sus co-creadores es que haya demasiados personajes estelares en ‘Orange is The New Black’. Todos estamos interesados en conocer la vida de cada una de las presas, sus miedos, sus crímenes y cómo llegaron a cometerlos, pero en el camino algunas interpretaciones son mejores que otras, unos argumentos son mejores que otros, logrando así que el protagonismo de Taylor Schilling se vaya perdiendo poco a poco. A este punto puedo decir con toda certeza que la historia de Chapman es una de las menos atractivas de la serie.

El personaje ha ido decayendo temporada a temporada, tanto como sus valores y su moral. Aceptar es el principio para superar y creo que es momento de hacerlo: Piper Chapman es un personaje odioso. Piénsenlo, un personaje como Stella Carlin (Ruby Rose) eclipsó totalmente a Chapman en la tercera temporada y en la cuarta sólo bastó un microsegundo en pantalla para tirar por la borda todo el ¿esfuerzo? que podría hacer Piper para ¿ganarnos?. Literalmente se me paralizó el corazón cuando vi a Stella.

La temporada inicia con una Piper Chapman con los “humos subidos”, su próspero negocio de venta de ropa interior usada le da poder y ella tiene todas las intenciones de usarlo; pero con un gran poder viene una gran responsabilidad y ella debe “proteger” a su gente. Así vemos su pobre esfuerzo en hacerlo y al final esto le pasa factura, mostrándola débil y vulnerable.

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Su pareja, en cambio, Alex Vause va por la vida intentando no sentirse culpable por la muerte de su sicario, ayudada por dos reclusas más, nos muestran cómo cubrir de forma adecuada los pecados a través de la descuartización -en una de las escenas más impactantes de la temporada- y tratar de seguir viviendo de forma “normal” en la prisión para no llamar la atención. Vi en Vause mucho potencial, pero al final fue relegada a ser la pareja de Chapman y su paño de lágrimas. ¡Qué decepción!

En cuanto a Litchfield el ambiente no es el mejor, Joe Caputo (Nick Sandow) ha sido ascendido y atrás quedó su humildad y su preocupación por el día a día; la privatización ha llegado a la cárcel y trajo consigo dos cánceres: cero respeto por los derechos humanos y el dominio latino, que causa una disputa étnica nunca antes vista todo gracias a la sobrepoblación carcelaria -problema con el que está lidiando EEUU actualmente-.

También se muestra la estadía de una celebridad en la prisión, una especie de Martha Stewart que gracias a la fama y al dinero obtiene privilegios negados para aquellas minorías que aún sufren en el aislamiento. Sí, me refiero al caso de Sophia Burset (Laverne Cox), a quien vemos totalmente debilitada en comparación a las temporadas anteriores y con una pobrísima trama.

Pero centremos en los flashbacks. Gran parte de la trama de ‘Orange Is the New Black’ se apoya mucho en los saltos en el tiempo que dan los personajes. De forma paralela, la serie va mostrando partes de la vida anterior de determinada reclusa, que ayuda a entender -e identificarse- con cada una de sus historias. Usados de forma correcta, logramos sentir empatía o disgusto por determinado personaje -según sea el caso-; incorrectamente, el resultado puede ser una laguna que no aporte en nada y sea un desperdicio de recurso como ocurrió en algunas ocasiones.

Otra de las cosas que quiero resaltar es la musicalización, siempre adecuada para la finalización de cada episodio y a la cual me comprometo a través de este artículo a dedicar un texto aparte.

Prepárense, además, para despedir a un personaje especial. Y es que me niego a pensar que el guión era tan pobre que se acuda a la muerte de personajes porque sí. Siempre he creído que cuando se mata a un personaje querido la muerte debe hacerle justicia, en este caso no fue así, lo que me causó una lástima tremenda.

Finalmente, creo que es hora de empezar a analizar opciones de donde se está a nivel argumentativo y hacia donde se quiere -y es posible- llegar. Sabemos que estamos en una cárcel, pero no necesariamente tenemos que estar presos de una trama. Avancemos, las condenas se cumplen, los ciclos se cierran.

Ahora bien, mientras eso sucede… siempre podremos explotar a Ruby Rose y matar a Piper Chapman. ¿O no?

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