Sicario, un impactante retrato de la guerra contra el narcotráfico

‘Sicario’ no parece una película, más bien se presenta como el episodio piloto de lo que promete ser una gran serie; también podría ser otro spin-off de ‘Breaking Bad‘, ya que escoge la misma ciudad, Albuquerque. Pero no, no lo es.

Al ver esta cinta, nominada al Óscar este año en tres categorías, lo primero que llama la atención es a la música. Es un punto alto, las actuaciones también, de eso no hay duda, pero la música así como la fotografía y los puntos y planos de apoyo del director de la cinta destacan sobre el promedio de películas que nos han acostumbrado a los planos típicos, carentes de atmósfera y llenos de efectismo técnico pero sin emoción alguna, es decir, un exceso de formato videojuego.

Pues bien, para muestra un botón, la primera secuencia de ‘Sicario’ es un bombazo en la cara, una prueba clara de que estás delante de un filme sin concesiones y que no te va a pedir permiso para hacer lo que haya que hacer por el fin supremo de la historia, que claramente está sobre la creencia misma del espectador, desde el más simple al más entrenado.

Quedarás hipnotizado por la actuaciones, por los diálogos fuertes, crudos, como la vida misma. Por un momento todo parece un homenaje a ‘No Country For Old Men’ o la segunda parte de la galardonada ‘Traffic’, pero no, es ‘Sicario’.

Aunque el nombre es sólo un adorno, el significado es más profundo que un mero título excesivamente prostituido por un Hollywood que exalta y endiosa la imagen de la mafia de la droga casi al borde del ridículo. Y si vamos más allá, hasta el propio afiche es otro gran error. Tanto error que ya parece hecho a propósito… quizás es una estrategia de marketing que hasta ahora no nos queda clara.

Josh Brolin tiene una actuación magistral, pero lo de Benicio del Toro ronda la perfección. La ambigüedad del personaje, su letanía y hasta su look son de lo mejor que he visto en los últimos 10 años. Del Toro está fantástico, porque juega un papel que ya conoce a la perfección, del tipo que en todo momento te transmite que su moral pende de un hilo, que en cualquier momento puede pasar de darte un consejo a partirte la cara porque rompiste una de sus reglas que, obviamente, desconocías.

Pero no importa, igual aprendes y sigues adelante, porque así es la esencia del personaje, y no necesita hablarte mucho para hacértelo sentir.

Emily Blunt juega a ser el equilibrio moral de la cinta. Luego de ser reclutada, cae en una inocencia bárbara que ella interpreta muy bien. Su moral contagia, pero se vuelve tan pretenciosa que uno termina odiándola y justificando a los malos, y esto es obra y gracia de una magnifica dirección a cargo del desconocido Denis Villeneuve, talentosísimo canadiense que es candidato para dirigir la secuela de ‘Blade Runner’.

Finalmente conocemos que el gran plan no era el que esperábamos, sino que todo termina como empezó, con una bomba, pero no física, sino moral y contradictoria, y es el fin en sí el que le termina dando toda la lógica al nombre de este gran film.

Prohibido perdérselo.

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