Cinco mitos que todo el mundo cree que son verdad

Muchas veces hay mitos que todo el mundo repite y ni siquiera se toman la molestia de averiguar si son o no verdad; viajan de generación en generación y los asumes como una realidad.

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Con esta motivación, me vi en la necesidad de averiguar si lo que me dijeron de niña era cierto, así que investigué y me topé con cosas que cambiarán el mundo si comparten éste artículo, ¡No dejes que tus hijos crezcan en la ignorancia como yo!, tienes que seguir leyendo, ¡Juro que te sorprenderás!

1.- Los toros se descontrolan por el color rojo

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Soy animalista, estoy en contra de la tauromaquia. Pero siempre me llamó la atención el hecho de que los toros “se enojen” al ver algo color rojo.

Así que con orgullo debo decirte que esto es falso. Los toros son daltónicos, ni siquiera diferencian el color rojo, para ellos es otra variación del gris, nada más. El programa de televisión ‘MythBusters’, famoso por comprobar o desmentir mitos urbanos, evidenció que los toros se enfurecen con muletas de distintos colores, así que si el torero usa una muleta verde, azul o morado, obtendrá el mismo resultado que al utilizar una carmesí.

2. Consumir vitamina C ayuda a tratar una gripe común

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Siempre me dijeron “toma jugo de naranja” cada vez que me daba gripe y siempre me quedé con la duda de saber si la vitamina C era en realidad así de mágica, lo cierto es que si bien sabemos que ésta vitamina no es mala para la salud, no hay ninguna evidencia que indique que la vitamina C “pasmará tu gripe”.

En 2007, un grupo de científicos investigaron éste hecho llegando a la conclusión de que menos del 10% de las personas “pasmaban” la gripe si ingerían vitamina C. De hecho, si acaso ocurría, lo único que lograba la vitamina es hacer que el resfriado dure un día menos.

3. La cabellera y las uñas siguen creciendo cuando mueres

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Debo admitir que éste mito es el que más me asustaba. Cuando iba a funerales no podía dejar de pensar que al pobre muerto le iban a crecer las uñas y el pelo aún cuando dejara de existir, pero lo cierto es que no lo hacen y la razón es bastante lógica.

Cuando morimos, nuestra piel simplemente se seca y al hacerlo las bases de las uñas y la cabellera se encogen, perdiendo toda posibilidad de crecer. Aún así, explicaré porqué el cabello deja de crecer: Cada hebra de pelo “crece” cuando las nuevas células se crean en la base de un folículo piloso, el proceso es rápido -incluso a veces las mujeres usamos productos para que crezca más-, pero es totalmente dependiente de una fuente de energía, en este caso la glucosa.

La glucosa sólo funciona cuando el oxígeno está presente y éste sólo puede darse si el corazón sigue latiendo. Tan pronto el corazón deja de latir, el oxígeno se agota. Así, nuestro cabello automáticamente deja de crecer.

Es una historia similar con las uñas, que dicho sea de paso también dependen de la glucosa. La glucosa hace que cada uña empuje a las nuevas células para que las uñas crezcan. Sin glucosa para alimentar el proceso, éste simplemente no sucede.

Si bien es cierto, hay órganos que se pueden utilizar después de la muerte -la piel es uno de ellos-, el suministro de glucosa para el cabello y las uñas cesa inmediatamente. Todo se acaba en el momento en que morimos.

Ahora, ¿Por qué se sigue creyendo que las uñas y el pelo crecen?, esto se debe a que la piel se deshidrata, haciendo que se retraiga, por lo que las hace parecer más largas. Para contrarrestar éste efecto, las personas encargadas de preparar los cuerpos a veces humectan las puntas de los dedos.

4. Te dará artritis si te “truenas los dedos”, “sacas cuyes”

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Lo admito, soy adicta a “sacarme cuyes”. Vivo tronándome los dedos y mi abuela siempre me decía que me iba a quedar “con los dedos chuecos” o “me daría artritis”.

Sin embargo, estudios asociados a éste tema han revelado que “tronarse los dedos” no es una de las molestias asociadas a la inflamación de articulaciones, lo que finalmente es la artritis.

De hecho, cuando “truenas” tus dedos -hombros, cuello, espalda o cualquier cosa que decidas tronar-, ni siquiera estás “tronando” algo, el sonido que escuchas significa la “eliminación” de gases que rodean la articulación, por eso sientes los dedos “más ligeros” cuando los has “tronado”.

5. Un año de perros equivale a siete años humanos

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Tuve un chow chow cuando era niña, lo amaba. Se murió cuando cumplí 17 años y desde ahí me obsesioné con la idea de saber a qué edad se morirían mis mascotas. Fue donde descubrí el mito de que, cada año, mi perro se iba avejentando siete veces más que yo.

Pero la ciencia tiene una explicación para todo y lo cierto es que todos los perros son diferentes. De acuerdo con estudios, el último cálculo hecho es que 10 años humanos equivalen a dos años de perro, y desde entonces son sólo cuatro años humanos durante cada año del perro. Pero ésto no es confiable porque todo depende de dos variables: raza y tamaño del perro.

Por ejemplo, un perro pequeño de un año de edad es equivalente a 15 años humanos y podría tener 28 años cuando cumpla tres. Su edad “humana” progresa más lentamente a partir de entonces y por el momento en que cumple 11, podría decirse que tiene 56.

En cuanto a los perros grandes, en su primer año, un perro grande puede tener 12 años humanos y 82 a los 11, sin embargo, los perros grandes maduran muy lentamente. Aún así, se consideran adultos a los cinco y tercera edad a los 8, ésto último equivalente a 61 años. Un gran perro que vive hasta los 15 años podría considerarse como un equivalente humano de 110 años.

Todo esto es demasiado complejo y depende de muchos aspectos técnicos, pero el mito está deshecho: Un año de perro no es igual a siete años humanos.

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