‘Mr. Robot’: Una visión impecable de la paranoia moderna

Esquizofrenia, paranoia, claustrofobia, adicciones, anarquía, mezclar y remover durante cinco minutos, agréguele inteligencia, una visión onírica compleja y obtendrá ‘Mr. Robot’.

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Esta serie le rompe las pelotas a cualquier estereotipo tonto, los personajes son sorprendentemente impredecibles, recurre a un voz en off en susurro, que te hace parte del mundo interior del personaje central, un genio hacker, adicto a la morfina que persigue amores que no sabes si son verdad o parte de su propia ficción mental.

Yo la catalogaría como Ciberpunk, más que thriller psicológico o drama.

El rabbit de la serie es Elliot cuyo personaje es interpretado con precoz maestría por Rami Malek, un casi desconocido pero brillante actor. Vive en una pocilga que me hizo recordar la ambientación lúgubre de la casa del legendario Neo de ‘The Matrix’. Pero nos sorprendemos al ver en escena a un desaparecido Christian Slater, que hace el papel de Mr. Robot, hilarante e irascible líder de una secta del bajo mundo llamada fsociety (o fucking society para el buen entendedor).

Elliot tiene el poder de una personalidad clandestina, es un anti héroe extraño, descubre pedófilos y amantes traidores como el “novio” de su psicoterapeuta, persigue con la misma intensidad con la que desaparecen las pruebas de sus delitos, que no son pocos.

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‘Mr. Robot’ es una metáfora irónica y brillante acerca de la vida de cada personaje, no existe “un único señor robot”, todos de una manera u otra lo son, la serie no trata de Elliot; trata de todos aquellos que justifican y anhelan una vida tan absurda como estúpida, dependiente de la aceptación social y laboral para sostener una adictiva fascinación por el dinero plástico que les ofrece una tarjeta cuyo uso hace más obscenamente rico a un gigante llamado en Evil Corp, más explícitos imposible. Lo que demuestra una y otra vez lo fácil que resulta ser espiado por un ciberpunk antisocial como Elliot o por cualquiera.

Hay intriga, temas actuales como el Estado Islámico, el poder de los bancos, la doble moral, la soledad, el artilugio tecnológico al servicio del mejor postor, teoría de la conspiración. ‘Mr. Robot’ es un virus que hemos adquirido todos como portadores de una sociedad adicta al sexo, a las drogas duras como la tecnología, el voyerismo, el sometimiento anormal, el embrujo del poder, el control total, el imperio de los sentidos que el dinero puede comprar.

Es el Hamlet ciberpunk de nuestros tiempos, de hecho, las referencias me llevan hasta la misma ‘Fight Club’.  Slater es una especie de Tyler Durden, pero esta vez no vende jabones, vende trama con tufo anarquista, o quizá como en la película es el enfrentamiento entre el mortal, el necesitado con su alterego, el hombre idealizado, el que se atreve a hacer cosas que nunca haría.

Todo es contraste en la serie, por momentos sentimos que vivimos en la propia paranoia de Elliot, dudamos de todo y todo nos parece sospechoso.

He llegado al punto de dudar del propio personaje principal, porque su dote de genio no justifica su economía, su carencia de auto, su afición por la capucha y las largas caminatas, ¿Será que todo es  solo un viaje producto de la morfina?

Hay un exceso en el uso de códigos y términos típicos de hacker, se vuelve chino para un neófito, pero no es un problema para alguien que mínimo ha visto a Sheldon Cooper y sus peroratas.

Hay paisajes fríos, muy fríos, carentes de alma y brillo, estamos ante la visión en subjetiva de un Paranoid Android, así, tal cual. Lo de Elliot es un gran homenaje a  Robin, personaje del tremendo vídeo que Radiohead nos regalo allá en el lejano 1998.

El vídeo era profético, nos volvimos androides paranoicos, porque con la mano en el pecho debemos admitir que nos cuesta sentir pero somos instintivos al extremo de guiarnos solamente por nuestros deseos y bajas pasiones.

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