Tercera temporada de ‘House Of Cards’: cuando el poder no basta

Hace unos días escribí cinco razones por las cuales deben ver ‘House Of Cards’. Ahora, escribiré explícitamente de lo que se están perdiendo en esta tercera temporada.

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Muchos están decepcionados. ‘Está no es una temporada digna de House Of Cards’, ‘están estancados’, ‘Frank se volvió sentimentaloide’, han sido algunos de los comentarios que he tenido que escuchar. Y francamente, me molesta.

Verán, ese es el problema cuando un show se hace famoso, hay gente que empieza a verlo para “tener de qué hablar” y no por el verdadero aprecio a una serie del tamaño de ‘House Of Cards’, que cambió la forma de hacer televisión. Marcó un hito.

El hecho de que tengas 13 episodios subidos no quiere decir que debas verlos todos rapidísimo.

Para mí, ver una serie es una experiencia. Y ‘House Of Cards’ es ese romance de tres primeros meses que no quieres que se acabe nunca. Por eso, cuando la gente se encerró a ver la nueva temporada en un fin de semana, simplemente no lo entendía.

Vaya pues, entiendo la ansiedad que causa todo lo que tiene que ver con el universo político de la serie de Netflix, pero eso no quiere decir que debas consumir toda una producción de la noche a la mañana. Me explico: Cada episodio tiene un costo de cuatro millones de dólares, la fotografía, la producción, la calidad, cada uno de esos aspectos los valen. Por lo tanto, a mi criterio, devorarte 13 horas de producción en un fin de semana es ilógico, sobre todo, porque falta un año más para poder saber qué va a pasar, ¿Para qué apurarlo?

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Sé que quizás mi análisis llegue tarde, hay miles de reseñas de la tercera temporada de ‘House Of Cards’ por todo Internet, pero quise tomarme el tiempo de poder aprovechar y deleitarme con cada detalle. Lo hermoso que es ver a Robin Wright como directora de algunos episodios, hecho del que muchos quizás no se habían percatado por el apuro. Y lo entiendo, hay que cuidarse de los spoilers, aunque debemos entender que vivimos en una era donde spoilearse parece más fácil que respirar. En fin, “caduno, caduno”.

Obviamente, este artículo contiene spoilers.


Como es conocido, la segunda temporada de ‘House Of Cards’ nos dejó con grandes expectativas. Francis Underwood (Kevin Spacey) se convierte en el presidente de los Estados Unidos, gracias a grandes tretas políticas y el infinito apoyo de su mano derecha, su esposa Claire Underwood (Robin Wright). Frank no ganó ninguna elección, accedió a la presidencia tras la renuncia del presidente elegido con voto popular.

Tras dos temporadas, hemos seguido las maquinaciones -la mayoría del tiempo ilegales- de los Underwood. Dos animales políticos que basan su éxito únicamente en la confianza que se tienen el uno al otro y, obviamente, en el poder. No son la pareja perfecta, pero están perfectamente adaptados.

La tercera temporada de ‘House Of Cards’, efectivamente, no tiene a alguien detrás de los pasos de Frank Underwood, no tiene -muchos- asesinatos, tampoco causa esa presión en el pecho que te obliga a estar pegado al televisor/laptop/tablet hasta terminar la temporada. Esta nueva tanda de episodios es mucho más relajada, se centra en la forma en que se gobierna un país de primer mundo, tiene campaña electoral, acuerdos egoístas, traiciones políticas y muchos, muchísimos quiebres emocionales. Hay menos perversidad y más emoción. Y está bien.

Sabemos que Frank Underwood es un antihéroe, maquiavelico como él solo. Pero así, siendo como es, demuestra que tiene un talón de Aquiles, que es vulnerable. Y esta temporada sigue esa vulnerabilidad llamada Claire Underwood, esa mujer hermosa, culta y terriblemente inteligente que él mismo dice “amar como los tiburones a la sangre”. 

¿Estratega es igual a líder?

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Este nuevo Frank Underwood -como lo llamaremos en la tercera temporada- es un líder condescendiente, que busca congraciarse con la gente y hacer lo que necesita para conservar el verdadero poder: el que otorga el pueblo en las urnas. ‘Tengo que hacer este tipo de cosas, me hace parecer más humano. Y debes ser un poco más humano cuando eres presidente’, así inició el primer episodio de la temporada, mientras el flamante presidente visitaba la tumba de su padre y, posteriormente, la orinaba.

No tengo nada en contra de los métodos poco ortodoxos que tiene Underwood, de hecho, hasta cierto punto la tercera temporada lo muestra como alguien que defiende lo suyo, respetable. Alguien que piensa en el bien común, sacrificándose a sí mismo en el proceso. Sacrificando a su bien más preciado, Claire.

Pero eso no es todo, las temporadas anteriores se trataron acerca del objetivo. La tercera se centra en las consecuencias de ese objetivo, en mantenerlo. En la responsabilidad que conlleva dejarlo todo por perseguir lo que anhelas con más fuerza. Zoe Barnes, Peter Russo, Garrett Walker, Raymond Tusk y Linda Vasquez son algunos de los nombres que podemos citar al explicar qué sucede cuando se le dice NO a Francis Underwood. Ésta temporada fue el turno de su esposa.

Y a este punto, creo que ambos perdieron. La vulnerabilidad le ganó a Claire y el peso del “NO” le llegó profundo a Frank.

Francis vs. Claire

Esta es la temporada de Claire. Se la ve en diferentes facetas, desde esposa comprometida con la campaña de su esposo, embajadora de la ONU y, por fin, ejerciendo su rol de mujer líder. Sobre todo esta última… ya que mucho se había especulado sobre el papel de ella en la serie como “personaje secundario”. Nada más lejano de la verdad.

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Me explico, Claire Underwood es un personaje tan pragmático, que si no observas sus acciones con cuidado puedes equivocarte. Para mí Claire es incluso más peligrosa que Frank, porque sabe que tiene a su favor el carisma que no tiene su esposo y puede ganarle en un terreno que él desconoce, es decir, la empatía. Es una mujer que está dispuesta a hacer lo que sea necesario para lograr el objetivo mayor.

Hay una frase de ésta temporada que me marca totalmente y es ‘Odio saber cuanto nos necesitamos’.  Lo que hasta las temporadas anteriores parecía seguro -el poder-, en esta no queda claro. ¿En qué basan Claire y Francis su relación?, ¿Es sexual?, ¿Es platónica? ¿Se basa únicamente en un mutuo deseo de gobernar el mundo con puño de hierro?, a este punto no sé qué creer y estoy segura de que ustedes tampoco. Lo que lo vuelve fascinante.

Ambos sobreviven a base de su constante confianza y de la manera en que ambos se están “alimentándose” el uno del otro. Y cuando esto deja de funcionar para Claire, se muestra implacable; todo gracias a cinco palabras que toda mujer, por muy elegante y sofisticada que sea, odia escuchar de un hombre, en este caso su esposo: ‘No eres nada sin mí’. Lapidario.

Y para una mujer como Claire no hay vuelta atrás después de escuchar eso. La guerra empezó, los dos monstruos se enfrentarán. Tu mejor amigo, tu mejor enemigo, ¿Quién ganará?

Falta un año para saberlo…

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