‘Boyhood’: la forma equivocada de recrear la vida en el cine

Empiezo esta columna con un poco de recelo porque a veces no es claro el poder de las palabras hasta que ya están publicadas y son leídas por otros que no te conocen.

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Para no ser maleducado, empezaré presentándome: Mi nombre es Antonio Jurado, soy comunicador audiovisual y si en los primeros párrafos de este texto no te saco una sonrisa, entonces no soy chistoso. Qué bueno que no estoy aquí para hacerte reír, sino para escribir de películas, series, etc. En eso creo que soy decente.

Datainfox me contactó en una época del año cargada de cine y esta preparando un especial dedicado a los premios Óscar. Mi primera víctima es ‘Boyhood’ y no habrá spoilers. De hecho, no puedo hacer ningún spoiler aunque quisiera porque nada muy importante pasa en este filme de Richard Linklater. En este punto podrías pensar “¡Qué pesado!” e irte, pero mi comentario no es una ofensa, estoy resaltando un valor de la película e incluso del director.

La cinta tiene la premisa de acercarte a la realidad, donde nada muy extraordinario sucede. Obviamente, hay eventos que pueden marcar una vida y se intenta recrearlos de manera muy superficial. ‘Boyhood’ se encierra por momentos en la forma y abandona el fondo.

Plantea un protagonista que se balancea en el vaivén de la vida, sin rumbo, perdido, con deseos que no se muestran de forma clara. Una película sin deseo puede ser un desastre, no digo que ésta lo sea, pero recalco el “puede ser”.

Dejo una escena de ‘Adaptation’ para explicarme de forma más visual:

Hago énfasis en el deseo porque ese es el material con el que está hecho el llamado “cine comercial”. El problema es que ‘Boyhood’ ha decidido romper esa barrera, pero no lo logra. A mi criterio la película cae en lo que se conoce como “lugares comunes”, lleva al espectador a una zona de comfort, donde no se le exige nada de forma intelectual, pero sí de forma emocional. La melancolía del pasado es algo que a todos nos llega y existen escenas donde la empatía es fundamental.

‘Boyhood’ tiene un anhelo excesivo de querer parecerse a la realidad, pero falla radicalmente marcando la distancia de la misma. Un ejemplo claro es que Mason de niño nunca llora ante ningún evento de su vida.

Algo no muy creíble, después de ver las peripecias por las que ha pasado. En su adolescencia es indiferente, tan distanciado de su realidad como la película lo es de la “vida.”

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El recurso cinematográfico que ’Boyhood’ pretende “innovar” fue usado hace muchos años y a muchos críticos parece que se les ha olvidado el legado de Bazin y Tarkovski dentro del séptimo arte.

Si les interesa saber más sobre el realismo en el cine, clic aquí “La falsa frontera entre ficción y realidad en el cine.”

Otro aspecto criticable es el la construcción de la escenas. Si las analizamos de forma independientemente no cierran nada. Plantean un problema que nunca es resuelto, los personajes no lo enfrentan, se hacen a un lado y la solución es una frase cliché: “Ellos no hacen que las cosas pasen, solo ven las cosas pasar.”

Entonces, ¿Por qué está nominada al Oscar?, no voy a decir que está nominada por lo publicitario y marketero que es “fue grabada en 12 años” -aunque el hecho de que sea un experimento ayuda- sino que ‘Boyhood’ es una buena película, no un reflejo de la “vida” como muchos la catalogan, un reflejo de una sociedad, en particular de la norteamericana y también de una generación.

En el primer caso, vemos una sociedad de embarazos prematuros, divorcios, padres irresponsables, alcoholismo, nuevos matrimonios, etc. En el segundo caso, nos presenta una generación marcada por el avance tecnológico, las tendencias, las series, películas, libros, etc. Jóvenes evitando realizar los mismos errores de sus antecesores.

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Linklater de forma muy inteligente nos plantea este diálogo dicho por la madre, que, en mi opinión, la resume a la perfección:

“¿Sabes qué estoy pensando? ¡Qué mi vida se va así nomás! Estas situaciones de la vida, casarse, tener hijos, divorciarse… esa época cuando creíamos que eras disléxico… ¡Cuando te enseñé a andar en bici! Divorciarse… ¡de nuevo! Conseguir mi maestría. Por fin conseguir el trabajo que quería. Enviar a Samantha a la universidad. ¡Enviarte a ti a la universidad! ¿Sabes lo que sigue, eh? ¡Mi maldito funeral! (…) Sólo pensaba que… habría más”

Nada muy extraordinario pasa en ‘Boyhood’, solo vemos a un niño crecer y tal vez nada de parecido tiene con nuestra vida o de las personas que nos rodean. A ratos pensaremos que es muy forzada la empatía que busca crear con el espectador pero el film nos invita a darnos cuenta que el tiempo es algo inoportuno y los eventos de la vida pueden ser incontrolables.

Pero siempre hay más, señor Linklater, siempre hay más…

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