‘Ese lugar donde estuve’, una muestra de lo pútrida de nuestra sociedad

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Es un hecho que vivimos en una sociedad curuchupa. No es una línea vaga, es una afirmación y después de ver ‘Ese lugar donde estuve’ lo comprobé.

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Para los que no estén familiarizados, ‘Ese lugar donde estuve’ es un documental dirigido por la cineasta Juliana Khalifé Ponce, responsable también del documental ‘La importancia de llamarse Satya Bicknell Rothon’, que aún no he tenido la oportunidad de ver, pero según he leído tiene muy buenas críticas.

‘Ese lugar donde estuve’ narra la historia de Sara y Zulema, lesbianas que fueron encerradas por sus familias en clínicas de rehabilitación que prometían “curar” su orientación sexual.

Siempre he dicho que los humanos somos seres muy visuales. No es coincidencia que los colegios y universidades se inclinen hacia el material audiovisual, necesitamos ver para creer. Y el documental cumple con su objetivo:  muestra una realidad que la sociedad esconde, que existen estás “clínicas”, que todavía hay gente que quiere “curar” la homosexualidad y que hay autoridades que aún menosprecian a ciudadanos y ciudadanas por su orientación sexual, diferente de la heterosexual, aún en contra de lo que está escrito en la constitución vigente del Ecuador:

Art. 11.- EI ejercicio de los derechos se regirá por los siguientes principios:
1. Los derechos se podrán ejercer, promover y exigir de forma individual o colectiva ante las autoridades competentes; estas autoridades garantizarán su cumplimiento.
2. Todas las personas son iguales y gozaran de los mismos derechos, deberes y oportunidades.
Nadie podrá ser discriminado por razones de etnia, lugar de nacimiento, edad, sexo, identidad de género, identidad cultural, estado civil, idioma, religión, ideología, filiación política, pasado judicial, condición socio-económica, condición migratoria, orientación sexual, estado de salud, portar VIH, discapacidad, diferencia física; ni por cualquier otra distinción, personal o colectiva, temporal o permanente, que tenga por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos. La ley sancionará toda forma de discriminación.

Independientemente de tus creencias, de que estés a favor o en contra del activismo GLBTI, palpar de cerca la experiencia de personas que fueron torturadas gracias a que su familia pagó por ello, por ignorancia, por “el que dirán”, es indignante. Sientes el trauma, la desesperación  e incluso la resignación que tienen las protagonistas porque no saben si saldrán o no de ese lugar que no debería existir, que debería estar prohibido.

La directora logra, sin mostrar detalles morbosos y realizando una investigación impecable, hacer que el espectador se conecte con las historias y, de forma muy ordenada, muestra los hechos tal y como son, “sin licuar”, porque el público necesita educarse, necesita saber que la homosexualidad no se cura, sólo es una orientación sexual diferente.

Muchos de los que lleguen a éste artículo dirán que no soy objetiva a la hora de narrar lo que vi como espectadora, pues es conocido que la lucha de mis amigos es mi lucha y creo que el amor, solo por ser amor, debe tener los mismos derechos.

Sin embargo, apartando un poco los prejuicios que nos han inculcado desde pequeños, ‘Ese lugar donde estuve’ es un cortometraje que habla de dos personas que fueron torturadas por amar y por tener una orientación sexual diferente a la que tienen la mayoría de personas por ¿naturaleza?, lo que automáticamente te hace reflexionar y pensar: “¿Quiénes somos nosotros para juzgar las orientaciones sexuales de otro?”

“No hay más ciego que el que no quiere ver”, cita un popular refrán. Los invito a que abran los ojos, pero no solo para mirar, sino para observar a su alrededor, expandir su mente y reflexionar en cómo el ser humano puede degradar tanto a su semejante porque es diferente y está diferencia causa miedo.

Como punto negativo debo mencionar que me quedé con ganas de saber más detalles de la vida de estás jóvenes, porque sí, su experiencia es fuerte, pero también quiero saber cual es el desenlace de ambas historias, y la directora me quedó debiendo ese final en el documental. No puedes lanzar toda una experiencia y no concluir, o quizás la conclusión la hace cada uno.

Yo salí de la sala más convencida de lo que creo: El amor es amor y eso no cambia, independientemente de la orientación sexual. Todos tenemos derecho a amar y no a ser juzgados por esto.

Igualdad es dignidad.

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Danna Hanna
Community manager, melómana, seriéfila y cinéfila. Email: dhanna@datainfox.com